

Y es que las manadas artísticas de Internet tienen su referente en las manadas juveniles que, agrupados por iconos políticos, recorren las ciudades en búsqueda de comida. Cada fin de semana, salir por algunos espacios dedicados al ocio nocturno madrileño, se convierte en una experiencia a la altura de las imágenes mostradas por Frederick Wiseman en su majestuoso documental sobre el Zoológico de Miami. Manadas enfrentadas, unas salen de caza, otras esperan plácidamente haciendo ostensión de un mundo feliz. Y el icono político es el causante de dichas circunstancias. Lo mismo que ocurre con el mal arte que contamina la red: bajo un uso corrupto del término, podemos encontrar manifestaciones que se alejan de las problemáticas reales que se esconden detrás del contexto artístico. El arte es entendido como un icono legitimador de acciones y discursos que nada tienen de artístico al igual que las luchas entre manadas políticas poco tienen de político.
Lo que no sabía Ernesto Gevara es que una vez muerto le obligarían a arrodillarse… de haberlo sabido, se hubiera agachado antes de su muerte.